Maneras de amar y estilos de apego




¿ Qué relación existe entre la forma en la que amamos de adultos con la manera en que hemos sido amados en la infancia?. Esta es fundamentalmente la pregunta a la que la teoría del apego adulto intenta dar respuesta.

Parece ser que todos tenemos un patrón que se repite en nuestra forma de relacionarnos. Cometemos los mismos “errores” una y otra vez, a sabiendas en muchos casos de que lo son, pero presas una fuerza interna e irrefrenable que nos empuja a ello sistemáticamente. Una fuerza que va más allá de lo racional, de lo comprensible; algo, alojado en una estructura cerebral sobre la que racionalmente, a priori, no tenemos control : el sistema límbico. Es aquí donde surgen las emociones y donde el estilo de apego, forjado en la infancia, se halla grabado como un predictor de nuestro destino emocional.

Clara, una mujer de 32 años sufre intensamente por su incapacidad para encontrar una pareja por la que sienta que su amor es correspondido con la misma intensidad que ella ama. En terapia comenta : "Tengo la sensación de que mis parejas se muestran reacias a vincularse tanto como yo soy capaz, eso me lleva a angustiarme con la idea de que mi pareja no me quiera lo bastante o no desee pasar conmigo la cantidad de tiempo que necesito. Mi anhelo de crear un vínculo tan estrecho en ocasiones aleja a mis pretendientes o parejas."


Clara vive en una ansiedad constante ante la idea del abandono, real o imaginario por parte de sus parejas, con las que además se vincula de forma excesivamente intensa en un corto espacio de tiempo. Vive prácticamente obsesionada con “identificar señales” que le permitan saber si su pareja actual tiene intención de abandonarla. El hecho de que su novio tarde en responder un whassapp, o no le conteste una llamada puede desencadenar en ella un torrente imparable de pensamientos negativos que la lleven a un desbordamiento emocional intenso. Entonces Clara, obsesionada con la idea de ser abandonada, busca la constatación de lo contrario, con constantes llamadas o mensajes a fin de comprobar que su figura de apego (en este caso la pareja), está disponible para ella. Sólo cuando consigue contactar con él y comprobar su disponibilidad emocional, Clara es capaz de relajarse. Aunque luego, es posible que se sienta culpable y “ estúpida” por haber tenido, lo que ella llama “ una pataleta infantil”. Pataleta que se repite una y otra vez provocada por esa fuerza interna irrefrenable.


El caso de Clara es un buen ejemplo de estilo de apego ansioso. Pero, ¿Cómo surge este estilo de apego?. ¿ A qué es debido este patrón relacional recurrente del que Clara es consciente pero que no puede controlar?. Para responder a esta pregunta debemos irnos a la infancia de Clara, fundamentalmente a su primer año de vida; ya que es en el primer año de vida donde se forja el estilo de apego que marcará nuestra manera de relacionarnos en la edad adulta.


Las principales figuras de apego en la infancia son los padres, fundamentalmente la madre, y es, durante los momentos de lactancia donde se producen gran parte de los intercambios emocionales, aunque hay otros muchos.

Cuando Clara es un bebé, un ser inmaduro y dependiente, su único mecanismo para llamar la atención de sus cuidadores y que estos cubran sus necesidades emocionales y darle la sensación de SEGURIDAD, es el llanto. Frente al llanto de Clara, los padres pueden emitir una serie de respuestas : ignorarla y no acudir, acudir cada vez que Clara llora, o acudir unas veces sí y otras no. Este último es el caso de Clara. Sus padres, han cubierto parcialmente las necesidades emocionales de Clara, acudiendo a su llamada de manera aleatoria e intermitente y por tanto provocando INSEGURIDAD. Este refuerzo intermitente genera en el bebé la necesidad de emitir de forma constante conductas de apego (llanto), con la esperanza de ser finalmente atendida y sentir esa seguridad que le brinda la cercanía con sus figuras de apego, que son al fin y al cabo de las que depende su vida.


En la edad adulta, Clara ya no llora como un bebé pero sus conductas de apego se traducen en llamadas, mensajes y requerimientos; a través de los cuales busca esa cercanía con su figura de apego, en este caso la pareja, que le de la SEGURIDAD que no tuvo en la infancia.


Veamos ahora el caso de Luis, un varón de 40 años que en terapia expresa lo siguiente : "Me empiezo a encontrar algo molesto y nervioso cuando mi pareja busca mayor intimidad y compromiso en la relación. No me es fácil confiar completamente en la otra persona y aceptar el depender emocionalmente de ellas. Frecuentemente doy con parejas que quieren relaciones más estrechas de las que a mí me resultarían cómodas. "

El caso de Luis es opuesto al de Clara, tendríamos aquí un estilo de apego evitativo o evasivo. ¿ Cómo surge este estilo de apego?.


En el caso de Luis, los padres no han cubierto las necesidades emocionales cuando Luis de pequeño ha emitido conductas de apego, como llorar cuando le dejaban en la cuna. Ante el alejamiento de sus padres, el pequeño Luis sentía una fuerte sensación de INSEGURIDAD, y por tanto, lloraba para reclamar la presencia de sus figuras de apego. Estos padres, sin embargo, a pesar de cubrir las necesidades básicas del bebé como alimentación y otras atenciones básicas, no estuvieron disponibles para cubrir las necesidades emocionales de Luis. Luis aprendió, por tanto, que llorar no servía para nada, es más, que incluso alejaba a aquellos de quienes dependía. Más adelante también se desligaría de esas necesidades emocionales que no fueron satisfechas.


En la edad adulta Luis se sentirá incómodo ante las muestras de intimidad y las demandas afectivas. Esa incomodidad de la que habla cómo adulto, no es más que un reflejo de la sensación de INSEGURIDAD que vivió como niño.


En el sistema de apego de Luis quedó marcado que las necesidades afectivas generan inseguridad porque aleja a las figuras de apego, y por tanto en la edad adulta su manera de vincularse es, paradójicamente, desvincularse.

Existe otro estilo de apego, mucho más patológico y afortunadamente bastante menos frecuente. Se trata del estilo de apego desorganizado. Este estilo de apego se caracteriza por un alto nivel de evitación junto con un alto nivel de ansiedad con respecto a las figuras de apego. De hecho también se le ha denominado estilo de apego ansioso – evitativo, ya que es una mezcla entre esos dos estilos de apego.


Un ejemplo de este estilo de apego lo vemos en María que en terapia expresa : “ No consigo conectar realmente con nadie, a pesar de que lo intento una y otra vez. Cuando parece que las cosas van bien me asusto y boicoteo la relación, pero es como una coraza. En realidad creo que son pruebas para saber que mi pareja me quiere realmente, pero cuando me lo demuestran, les vuelvo a alejar. Y así una y otra vez, una relación tras otra”.


Cuando miramos hacia la infancia de María, nos encontramos con unos padres que algunas veces han cubierto sus necesidades emocionales, otras veces no, pero sobre todo, y lo más importante, en este sistema familiar ha existido violencia o maltrato de forma implícita o explicita, física o psicológica. Es decir, la infancia de María está marcada por el miedo hacia sus padres o cuidadores. El miedo hacia las figuras de apego es una constante en el estilo de apego desorganizado.


En la edad adulta María repite este patrón, este miedo hacia sus parejas. Les quiere cerca, pero también les teme y por eso les aleja cuándo comienza a sentir su cercanía.

Afortunadamente los estudios sobre apego nos muestran que el apego desorganizado es el menos frecuente : entre un 2,5% y un 5% de la población.


El estilo de apego seguro es, según estos estudios, el más extendido, en torno a un 52 % de la población puede mantener relaciones sanas gracias a los buenos tratos recibidos en la infancia.

Los estilos de apego suelen ser bastante consistentes a lo largo de la vida de la persona. No obstante, en terapia, trabajando los traumas de apego, se pueden lograr importantes avances para que los pacientes tengan la posibilidad de relacionarse de manera sana y recíproca en sus principales vínculos afectivos, que no solo atañen a la pareja, ya que pueden generalizarse a familiares y amigos.


Para finalizar este artículo no puedo dejar de citar a Bolwy, padre de la teoría del apego, que resume todo lo expuesto en una frase maravillosa : “ Si una sociedad valora a sus niños, deberá cuidar a sus padres como a tesoros”

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